Quizás la mejor manera para comprender el significado de la gracia es ver como es contrastada en la Biblia con otras cosas:
1. La gracia es contrastada con la ley en su origen y su naturaleza. “La ley fue dada por medio de Moisés, pero la gracia y la verdad nos han llegado por medio de Jesucristo” (Juan 1:17, RVA). Moisés fue la voz de la ley; Cristo fue el portador de la gracia. Es la naturaleza de la ley hacer demandas; pero es la naturaleza de la gracia otorgar bendiciones. La ley es un ministerio de condenación; la gracia es un ministerio de perdón. La ley coloca al hombre como culpable y alejado de Dios; la gracia trae al pecador cerca de Dios. La ley condena al mejor hombre; la gracia salva al más indigno y peor de los hombres. La ley dice “haz esto y vivirás” (vea Rom. 10:5); la gracia dice “cree y vive” (vea Jn. 5:24). La ley demanda una justicia perfecta; pero la gracia provee una justicia perfecta. La ley maldice; la gracia redime de la maldición. Mientras un hombre está bajo la ley está perdido; así también el único camino para escapar de debajo de la ley es a través de la fe en Cristo, “Porque el fin de la ley es Cristo, para justicia á todo aquel que cree” (Romanos 10:4). “Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia” (Romanos 6:14).
2. La gracia es contrastada con el pecado en sus resultados, en lo que produce. El pecado reina para muerte; la gracia reina para vida eterna (vea Rom. 5:21). El pecado toma su poder condenatorio de la ley (1Cor. 15:56); la gracia quita al pecado su poder condenatorio dando a Cristo para satisfacer las demandas de la ley (1Cor. 15:57). La única y sola fuente real de peligro proviene de la transgresión de la ley; el único y solo camino para escapar es a través de satisfacer o cumplir la ley. Cristo satisfizo la ley por su pueblo, para que la ley pudiera estar contenta con ellos.
3. En el plan de la salvación la gracia es contrastada con las obras. “Porque por gracia sois salvos por la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios: No por obras, para que nadie se gloríe” (Efesios 2:8-9). La salvación es por la gracia del Creador y no por las obras de la criatura. La idea de la salvación por gracia excluye la idea de cualquier obra pequeña o grande, moral o ceremonial. La salvación por gracia excluye toda jactancia y da solamente a Dios toda la alabanza.
“La gracia ideó primero el camino
para salvar al hombre rebelde;
y todos los pasos que la gracia despliega
contribuyen a la manifestación de este maravilloso plan”.
4. Al considerar la causa móvil de salvación, la gracia es contrastada con una deuda u obligación. “Empero al que obra, no se le cuenta el salario por merced, sino por deuda. Mas al que no obra, pero cree en aquél que justifica al impío, la fe le es contada por justicia” (Romanos 4:4-5). El pensamiento aquí es este: Al hombre que cobra un salario por su trabajo no se le está mostrando ninguna gracia; sino que se le está pagando una deuda u obligación. No hay gracia cuando un hombre toma lo que merece o lo que ha devengado. La gracia excluye este principio de deuda u obligación. Salvación por gracia significa que Dios no está obligado a salvar a nadie. Si Dios estuviera obligado a salvar a alguien, entonces la causa móvil de salvación ya nos sería la gracia. Fue la gracia de Dios, y no ninguna deuda u obligación bajo de la cual El estuviera, lo que causó que El proveyera la salvación para los pecadores. Bien decía Toplady: “El camino al cielo descansa no sobre un puente de peaje (cuota), sino sobre un puente libre (gratuito); así también la inmerecida gracia de Dios en Cristo Jesús. La gracia nos encuentra mendigos pero nos deja como deudores”.
LA GRACIA EN LA TRINIDAD
Las tres personas de la Divinidad están igualmente inclinadas y llenas de gracia hacia los pecadores. La gracia del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo son igual en grado y extensión, pero distintas en su operación y administración.
1. El Padre es la fuente de toda gracia. El propuso la realización y el plan de la gracia. El formuló el pacto de gracia e ideó los medios “por los cuales los pobres pecadores no fueran excluidos de El”. El hizo la elección por gracia de los que serían objetos de Su gracia, y venido el cumplimiento del tiempo envió a Su Hijo al mundo para ser el mediador de Su gracia.
2. El eternal Hijo es el canal de la gracia. El único camino por el cual la gracia puede enriquecer al pecador es a través del Señor Jesucristo. ¡Que no piensen los menospreciadores del Hijo de Dios que recibirán algún beneficio de la gracia de Dios! La obra del Hijo reconcilió la gracia y la justicia, como está escrito: “La misericordia y la verdad se encontraron: La justicia y la paz se besaron” (Salmos 85:10).
3. El Espíritu Santo es el administrador de la gracia. Sin la operación de la gracia del Espíritu Santo en la conversión, ningún pecador llegaría jamás a ser un beneficiario de la gracia. El Espíritu toma de las cosas de Cristo para otorgarlas al pecador. El vivifica todas las almas que el Padre escogió, y conduce a Cristo Jesús a todas las ovejas por las cuales el buen pastor puso su vida (vea Jn. 10:11). El conquista el endurecido corazón, y limpia la detestable lepra espiritual. El abre los ojos cegados y los oídos ensordecidos por el pecado. El bendito Espíritu Santo revela la gracia del Padre y aplica la gracia del Hijo.
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